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Lo que se sabe y lo que no sobre el asbesto

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Los asbestos están entre los materiales más polémicos por los daños que pueden causar a la salud. El debate legislativo sobre prohibirlos totalmente o no continúa en Colombia, e investigadores universitarios piden más atención a la evidencia científica.

Un mineral resistente y que sea excelente aislante eléctrico, térmico y acústico es claramente útil para la industria. Si este mineral se caracteriza además por ser fibroso, por lo que se puede tejer e hilar, su utilidad se hace mucho mayor.

Esas características causaron la gran bonanza de los asbestos, grupo de minerales de amplio uso en frenos de autos, equipos y vestuario industrial; pero también en elementos del hogar como calentadores de agua, tomacorrientes, tejas y hasta pisos.

Cuando comenzaron a abundar evidencias científicas sobre el riesgo que implicaban los asbestos para la salud humana, y con el desarrollo de varios materiales que pueden reemplazarlos, la Organización Mundial de la Salud —OMS—, su filial la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer —IARC— y la Organización Internacional del Trabajo –OIT— pidieron que se suspendiera la explotación y uso de todos los tipos de asbestos, incluido el que todavía se utiliza en Colombia, un mineral llamado crisotilo. 56 países, incluyendo toda la Unión Europea, los han prohibido.

La controversia revivió en Colombia en junio, cuando la Comisión Séptima del Senado hundió, por siete votos contra cuatro, el proyecto de ley presentado por la senadora Nadia Biel, que buscaba prohibir  la explotación y uso de cualquier tipo de asbesto en el país.

El argumento principal, respaldado por el ministro de Salud y Protección Social Alejandro Gaviria,  es que en Colombia no hay suficiente evidencia científica de que el crisotilo sea nocivo bajo las condiciones de seguridad industrial del país.

En el caso del glifosato, el ministro señaló que la posición de la IARC y la OMS era una “advertencia insoslayable de posibles efectos adversos a la salud” y pidió aplicar el principio de precaución, que indica que ante la duda científica debe suspenderse el uso de un agente hasta comprobar que sea seguro. Para los asbestos, ni la recomendación ni el principio de precaución fueron tomados en cuenta.

La senadora Sofía Gaviria, quien votó contra la prohibición, propuso, sin embargo, una regulación más fuerte, pero que no implique la prohibición que recomienda la OMS. En un comunicado de su oficina pidió “tomar decisiones basadas en datos científicos reales” en vez de “tomar decisiones emotivas políticamente correctas”, aunque  no sustentara su posición en ningún estudio científico considerado por la comunidad académica.

Ante la controversia, tres preguntas: ¿En verdad no existe suficiente evidencia? Y si es así, ¿por qué en diez años de polémicas el Ministerio y las universidades no han realizado las investigaciones necesarias? Por último, ¿cuál es el concepto de evidencia científica que manejan los legisladores del país a la hora de tomar decisiones?

Los asbestos: minerales fibrosos, útiles y peligrosos

Los asbestos, también llamados amiantos, son minerales que se desarrollan en condiciones muy singulares: ciertas rocas ígneas (creadas directamente al solidificarse la lava o el magma) son luego transformadas e hidratadas a altas temperaturas y presiones bajo la corteza terrestre, hasta obtener su característica textura fibrosa.

Durante los procesos industriales esas fibras se fragmentan a veces hasta tamaños en los que pueden entrar, con la respiración, a los alvéolos y tejidos pulmonares. Con los años pueden generar inflamaciones o interferir con mecanismos celulares, lo que aumenta el riesgo de tumores y cáncer, tanto en los pulmones como en la pleura, la membrana que recubre estos órganos.

En 2012, la Asociación Internacional de Investigación sobre el Cáncer —IARC— publicó una monografía sobre la relación que asbestos, fibras, polvo y metales industriales tienen con el cáncer, basados en conceptos  de expertos que revisaron la información publicada en el mundo.

“La monografía indica que hay asociación causal entre la exposición al asbesto y el cáncer de laringe, basada en 29 estudios de cohortes ocupacionales, casos y controles hechos en 35 poblaciones diferentes alrededor del mundo, pero aclara que no se diferencia el tipo de fibra”, explica el médico Carlos Mario Quiroz, investigador de la Facultad Nacional de Salud Pública dedicado a la salud ocupacional.

Esta información fue incluida en un informe experto solicitado a la Facultad en 2014, en el marco de un proceso legal contra un una empresa minera del municipio antioqueño de Campamento. “El informe muestra que hay suficiente evidencia en humanos para la carcinogenicidad de todas las formas de amianto (crisotilo, crocidolita, amosita, tremolita, actinolita, y antofilita). El asbesto causa mesotelioma y cáncer de pulmón, laringe, y el ovario”, comunicó en dicha ocasión Quiroz.

La investigaciones citadas por la Facultad son las mismas tenidas en cuenta por la IARC, la OMS y la OIT para recomendar que se suspenda el uso de todas las forma de asbestos.

Decisiones basadas en evidencia: ¿cuándo seguir recomendaciones?

Es comprensible que empresas, senadores que las apoyan y ministerios quieran más estudios locales sobre los riesgos del asbesto crisotilo antes de tomar decisiones radicales. ¿Por qué entones no se han encargado investigaciones, en 15 años de debates, demandas y proyectos de Ley?

“La única variedad de asbesto manipulada en Colombia es la del crisotilo, reconocida por ser la menos nociva para la salud”, señaló el comunicado de la oficina de Sofía Gaviria.

En el mismo comunicado se indica que en la mina del municipio de Campamento, “no se ha registrado ningún caso de asbestosis, cáncer pulmonar u otro tipo de enfermedad asociada al asbesto”. Las fuentes son el alcalde y la Secretaría de Salud municipal y una “investigación realizada con la ESE Hospital La Sagrada Familia”, es decir, una búsqueda en los registros del hospital en el Registro Individual de Prestación de Servicios de Salud del Departamento de Antioquia.

Se dice también que está probado que el peligro es solo para los trabajadores sin adecuada protección, pero esto contradice la evidencia internacional que habla de casos entre moradores en casas construidas con elementos de asbesto, principalmente en esas tejas grises onduladas tan usadas en construcción. Esas tejas son elaboradas por varias empresas del país, algunas de las cuales han enfrentado procesos legales por denuncias de pacientes con cáncer que culpan a estos productos de su dolencia.

“En otros municipios, como Manizales, Yumbo y Sibaté, en los que operan fábricas que transforman el asbesto bajo estrictos protocolos de seguridad y salud ocupacional, la prevalencia de enfermedades ocasionadas por el asbesto también es mínima”, continúa el comunicado de la oficina de la senadora Gaviria. “Esta información hace necesario un estudio riguroso sobre el impacto del asbesto en la salud de todos los trabajadores relacionados con el mismo”, complementa el texto.

Desde el punto de vista de la ciencia, queda entonces el interrogante: ¿cómo se determinó dicha mínima prevalencia si, como lo afirmó el mismo comunicado de la senadora Gaviria, no hay un estudio riguroso al respecto?

Los senadores que hundieron el proyecto insisten en la necesidad de tomar decisiones sobre estudios serios y anunciaron el compromiso del Ministerio de Salud y Protección Social de realizar en menos de seis meses un estudio amplio y riguroso. Investigadores del área, tanto en la Alma Máter como en otras instituciones que han trabajado el tema, están listos para realizarlas, para que por encima de conveniencias políticas y económicas se apliquen conceptos de evidencia e investigación realmente respaldados por la comunidad científica.

Fuente: Noticias UdeA



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