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Para investigar científicamente

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“Crecemos en una sociedad basada en ciencia y tecnología, en la cual nadie sabe nada sobre ciencia y tecnología…la ciencia es una forma de pensar, una forma escéptica de interrogar al universo, con pleno entendimiento de la falibilidad humana, si no somos capaces de hacer preguntas escépticas, de interrogar a aquellos que nos dicen que algo es verdad… entonces estamos a merced del próximo charlatán, político o religioso que aparezca deambulando.”  CARL SAGAN (1996)

La ciencia y su investigación ha vivido en un anonimato parcial; como el típico superhéroe de cómic o película, el mundo se beneficia de sus logros y obras, todos conocen su nombre pero pocas personas tienen claridad de cómo funciona o qué tiene que vivir para brindar estos avances al mundo. La ciencia debe salir de su escondite, no ser asequible únicamente a un público especializado, debe darse a conocer, mostrar cómo funciona su investigación y principalmente de dónde proceden sus bases epistemológicas, pues iniciar una investigación sin éstas, puede llevar a conclusiones erradas. Lo anterior hará que la sociedad rompa con muchos mitos sobre el quehacer científico y aprenda a diferenciar entre ciencias y pseudociencias, que perjudican en gran manera el profesionalismo de diferentes disciplinas que se consideran como científicas, pero que en el actuar, por falta de bases epistemológicas, se alejan mucho de serlo.

Hernández Sampieri, menciona en el prólogo de su conocido libro sobre investigación que existe un mito muy arraigado respecto a la ciencia, que impide que las personas se atrevan a investigar, el cual reporta que la investigación no se vincula con la realidad del mundo cotidiano. Algo que, por no decir es absurdo, se podría denominar como errado; el conocimiento que busca la ciencia es justamente el que esté más cerca de la realidad objetiva, a diferencia del “conocimiento” mítico o metafísico. Pero ¿hasta qué punto es pertinente que las personas se lancen investigar? y ¿por qué se cree esto de la ciencia?, la ciencia siempre ha sido asociada con una élite y va de la mano de la imagen de un grupo que juega con tubos de ensayo en un laboratorio, los futuros distópicos donde la ciencia ha conquistado el hombre y destruido la naturaleza, sin contar los cientos de científicos locos que luchan contra los superhéroes de nuestra infancia, todo esto, entre otras cosas han convertido a la ciencia en otro mito más.

Algunas grandes mentes han intentado dar a conocer el saber y quehacer científico para el público general, personajes como Carl Sagan o Isaac Asimov en lo referente a ciencias duras como la física; desde la filosofía y la ciencia cognitiva (que es más propensa a contaminarse de falsas creencias populares) se puede encontrar a personajes actuales como Steven Pinker o Daniel Dennet. No obstante, a pesar de los esfuerzos de estas grandes mentes, la ciencia sigue permaneciendo como una palabra conocida con unas postulaciones desconocidas.

Es necesario que toda profesión relacionada con el conocimiento científico -¿cuál no lo está?- tenga unas bases epistemológicas que enseñen a diferenciar lo que es ciencia y lo que no, lo que puede afirmar la ciencia y lo que no, no sólo enseñarles a investigar, sino enseñarles por qué se investiga de cierta manera. Hacerles entender lo que es un dogma y por qué la ciencia no es dogmática, como Lilienfeld afirma, los estudiantes continuamente están fascinados por dudosas declaraciones que están en el límite del conocimiento científico: percepción extrasensorial, persuasión subliminal, astrología, análisis grafológico, etc. aunque la ciencia, al no ser dogmática, no las descarta a priori, el gran problema de estas creencias es que se mimetizan como científicas y que la evidencia que las respalda es muy poca.

Debemos evitar que profesionales de áreas como la educación, la psicología o la medicina propaguen creencias pseudocientíficas; deben incentivar la investigación rigurosa, borrar los mitos sobre la superficialidad de la ciencia al momento de abordar temas como los sentimientos, la sociedad, la filiación o el amor, en los cuales, se dice que no se pueden estudiar científicamente pues son experiencias subjetivas ajenas a la fría e insensible ciencia, otro mito que se debe superar: la ciencia no se basa únicamente en un método, la ciencia es flexible al buscar herramientas para estudiar variables de su interés, hay una amplia gama de modelos experimentales para acercarse a la subjetividad humana, a la experiencia e incluso al arte y la estética, las aproximaciones en la investigación cognitiva a estas experiencias han avanzado en gran manera aportando normas y procesos mentales que regulan muchas de nuestras decisiones y sentimientos, no pretendiendo tratar al ser humano como una maquina básica, sino por el contrario descubriendo una pequeña parte de su gran complejidad.

Muchos profesionales apegados a conocimientos pseudocientificos (tal vez ignorantes sobre esto) han llegado a causar daños considerables, como el doctor que hace que sus pacientes dejen la quimioterapia para tomar un tratamiento homeopático, o el psicólogo que basa su diagnóstico clínico en la influencia de los astros. Por estas situaciones reitero que antes de enseñar la investigación es importante enseñar por qué se debe investigar de X o Y forma, cuáles son los límites de la investigación científica por medio de bases epistemológicas sólidas, para detener la contaminación del mundo con pseudociencia bien disfrazada.

Imagen tomada de: http://www.kevinmccorrytv.ca/drjerk.jpg

Autor: 
CALEB DAVID S. MEDINA
Psicólogo Corporación Universitaria Minuto de Dios
Bogotá, Colombia
Celular: 3132768306
Correo: calebsal777@gmail.com



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