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Es tiempo de tomar a la ciencia y a nuestros doctores en serio

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El paradigma que la ciencia es el soporte de la innovación y esta a su vez el pilar  de desarrollo económico y competitividad, se ha convertido en un mantra que todos pronuncian sin preguntar; tanto que una de las locomotoras del primer gobierno de Santos es la de la innovación, pero al parecer está frenada (o más preciso: nunca arrancó). El lector seguramente habrá leído la noticia que aparece rara vez en el periódico sobre lanzamientos de convocatorias de becas de Doctorado por Colciencias. Sí, esos doctores que suponemos le hacen falta al país, quienes supuestamente contribuyen a la innovación, y que los que hay –dicen los rumores- se han ido del país por falta de apoyo a la investigación.

Yo soy uno de los becados por Colciencias para realizar estudios de doctorado en el exterior, y busco en este artículo encajar las piezas entre algunos sucesos recientes en el país, todos conectados con la falta de apoyo a la investigación. Empecemos con lo más reciente. Según el Proyecto de Ley de Presupuesto de la Nación 2016, el presupuesto de Colciencias se planea recortar en un 20% para el año 2016, pasando de 337.000 millones a 270.000 millones de pesos. Esto es verdaderamente alarmante.

La realidad innegable es que Colombia invierte muy poco en ciencia e innovación, alrededor del 0.2% del PIB en el 2013, mientras que países como Alemania y Estados Unidos invierten más del 2% de su ya de por sí sustanciales economías. El lector objetará, —pero es que esos son ‘países industrializados’, y Colombia está en otra liga—. Sin embargo, países como Chile y México invierten el 0.5 y 0.4 por ciento de su PIB, respectivamente, el doble que Colombia.

Hablando de indicadores de ciencia y tecnología, otro que se incluye en comparaciones internacionales es el del número de investigadores con doctorado por cada cien mil habitantes. En esto, el país también se queda corto. Ya atando las piezas, Colciencias se ha abanderado de la tarea de patrocinar estudios de doctorado en el exterior y a nivel nacional, con un esfuerzo significativo desde el año 2009 con el programa de formación doctoral Francisco José de Caldas. Esta sin lugar a dudas debe ser una inversión de la mayor importancia, pues ocupa el ~57% del gasto del presupuesto de Colciencias. Cabe resaltar que cada año se gradúan más doctores, que entrarán a competir entre ellos y otros investigadores por escasos recursos para ciencia e innovación. Entonces, ¿a qué juega el país? ¿Cuál es el sentido de invertir en la formación de talento humano del nivel más alto en el sistema educativo internacional cuando posiblemente no habrá recursos para que estos desarrollen investigaciones que sean útiles para el país?

Para la tranquilidad de muchos, el país no está financiando becas de Doctorado para que los Colombianos que se gradúen residan en sus países de formación doctoral, como Estados Unidos o Europa. De hecho, Colciencias otorga un ‘crédito condonable’, que en lenguaje coloquial puede entenderse como ‘es beca pero no lo es’. Tal beneficio está atado a una serie de condiciones, como regresar al país, y una vez de vuelta, hacer alguna contribución en ciencia o innovación al país. ¿Con qué recursos van a realizar investigación los recién forjados doctores que regresan al país? ¿Podrán hacer investigación de la mayor calidad que justifique los impuestos arduamente trabajados por los colombianos?

Un segundo suceso que vale la pena sumar a esta discusión es el presupuesto para realizar estudios de doctorado en el exterior. Para poner las cifras en perspectiva, cuando yo apliqué a la convocatoria anual de Colciencias, el monto a financiar era aproximadamente $475 millones de pesos, con un dólar cotizado por debajo de $2000 pesos. Eso en su momento apenas fue suficiente para cubrir el costo de estudios de doctorado en el Reino Unido, que puede tomar entre tres y cuatro años. Este año, en la reciente convocatoria de Colciencias para doctorados en el exterior anunciada el pasado 21 de Julio, el presupuesto total es de $324 millones de pesos, con un dólar que roza la temida barrera de los $3000. En pocas palabras, este dinero no alcanza para realizar un doctorado en países como Estados Unidos, Australia o el Reino Unido, países élite en rankings internacionales. ¿No queremos enviar a nuestro talento colombiano a los mejores centros de formación a nivel mundial? Al parecer no. Desde ya se está aplicando un filtro. Países como Alemania u Holanda son también élite, donde la educación es menos costosa. Pero de entrada se está restringiendo una gran proporción de los centros de producción científica del mundo. Para que la ciencia dé frutos, no es cuestión de hacer rendir el peso, es cuestión de invertir en lo mejor y por lo alto.

Si hay algo peor que abandonar lentamente el apoyo a la investigación en ciencia, es formar una generación de jóvenes entusiastas dispuestos a investigar y generar beneficios para todo el país para luego dejarlos sin apoyo. Es tiempo de reconocer la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación para el país, inyectar mayores recursos a Colciencias, y generar políticas que articulen la formación de doctores con inversión en proyectos que permitan dar frutos al país, en un corto y largo plazo.

Ahora que el precio del petróleo está en picada y refleja lo vulnerable que es Colombia a que su economía dependa de la exportación de materias primas, es cuando más se le debería apostar a la ciencia, la tecnología, la innovación, y la educación. Más aún, cuando se discuten visiones de un país ‘post-conflicto’, el país necesita crear oportunidades para soldar y sanar las fisuras que cincuenta años de guerra de guerrillas han causado. Estas conexiones son temas para reflexión –y acción-, no sólo para los políticos, sino para los colombianos y para los investigadores, porque construir país es tarea de todos.

Autor: 

Alberto Aparicio
Estudiante de Doctorado de Política de Ciencia y Tecnología
Departamento de Estudios Sociales de Ciencia y Tecnología en el University College London, Londres.

Alberto Aparicio.



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