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Ciencias humanas: La inutilidad de querer ayudar

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Es común la escena de una primera clase de un curso en donde todos, en orden y bajo dirección del profesor, deben presentarse, hablar un poco de sí mismos y responder la pregunta crucial de "¿Por qué esta carrera?"; las respuestas suelen variar, excepto en las áreas de las ciencias sociales, humanas y de la salud. Siempre he reconocido la respuesta cliché -lo recuerdo por ejemplo en mi clase de introducción a la psicología- de "quiero estudiar esto para ayudar a las personas", quisiera decirles que si esta es su respuesta, salgan del salón de clase, vayan a sus casas y reflexionen frente al tema.

Un cliché es algo que por su exceso de uso denota una falta evidente de creatividad; cuando algo es excesivo y puede aplicarse a todo, lo explica todo y a la vez nada; usemos, por ejemplo,  la palabra "cosa", si yo tomo una balón en mis manos y digo que es una cosa para jugar, estoy en lo correcto, pero no doy nada de información sobre qué es o para qué funciona, cualquier juguete (y todo pude ser uno, hasta las personas, dependiendo de las intenciones de quien lo utilice) es una "cosa para jugar". Con la respuesta de estudiar por el deseo de ayudar a las personas ocurre lo mismo, es verdad que desde las disciplinas como el trabajo social, la psicología, la pedagogía o la enfermería y medicina podemos ayudar grandemente a las personas, pero, ¿no es igual con prácticamente toda profesión?

Un mesero ayuda a las personas a sentirse a gusto y tener un momento familiar agradable a la vez que ayuda al dueño del restaurante a mejorar su negocio. Un ingeniero civil ayuda a las personas a tener unas vías que le faciliten el transporte y una represa que les proporcione agua y energía. Un empresario ayuda a las personas generando un empleo que les permita tener calidad de vida. La señora en plaza de mercado nos facilita el acceso a los alimentos frescos, en un mismo lugar, evitándonos tener que cultivarlos o buscar cada uno en diferentes lugares. Así podríamos seguir con cualquier profesión, que como todas, deben dar algún tipo de ayuda solo por validar su existencia.

Muchos podrán apelar a que esta respuesta es válida en el sentido de la buena voluntad, de la necesidad y el deseo de hacer el bien en este mundo lleno de indiferencia. En respuesta a esto puedo poner en la mesa el contrargumento que se puede resumir en la famosa frase del escritor Oscar Wilde: "Las peores obras son las que están hechas con las mejores intenciones."

La mayoría de personas tienen una buena intención en sus actos, o por lo menos no tiene una mala intensión sin justificación: ¿Por qué rayaste las paredes?, Papá, porque quería dibujarte algo lindo. ¿Por qué robaste ese objeto? Porque el dueño nunca lo utiliza y yo lo necesito más. Hay justificaciones que van más allá como la venganza, la incapacidad de ver que se hace algo malo o impulsos que son difíciles de controlar, como ocurre con algunos asesinos seriales. No es común que las personas, por atroces que sean sus hechos,  digan "Hoy amanecí con ganas de hacer el mal" sin ningún motivante intrínseco o extrínseco.

Terribles hechos históricos se han hecho con buenas intenciones: Hitler y su holocausto tenía como una de sus metas lograr una raza superior y la inquisición podía torturar y asesinar personas inocentes, pero esto era por salvar sus almas, que para ellos es un bien mayor. Así se pueden citar más sucesos, en todo acto poco provechoso para la historia siempre habrá algún responsable que justifique y argumente sus actos con buenas intenciones.

Dicho lo anterior, nos damos cuenta que querer ayudar no ayuda, pero ¿Cuál es la otra cara de la moneda que nos puede mostrar la historia?, pensemos en las grandes mentes, en los descubrimientos que cambiaron la historia y nos proporcionan salud, comodidad y avance; pensemos cómo nacieron. Carrillo de Albornoz (2009) narra una historia sobre el químico alemán Christian F. Schönbein, según sus palabras:

...su mujer le impedía realizar experimentos en la cocina familiar, máxime cuando éstos se realizaban con ácido nítrico y sulfúrico. Aprovechando que su esposa había salido de compras, Schönbein quiso realizar un experimento pero accidentalmente derramó sobre la mesa de la cocina parte de la mezcla. Para evitarse problemas lo secó con lo primero que encontró a mano: el delantal de su mujer. Para evitar que ésta le descubriera puso a secar el delantal sobre una estufa pero inmediatamente la tela prendió. Una pequeña maldad había dado lugar a uno de los grandes descubrimientos del siglo: la nitrocelulosa. (p. 142)

La nitrocelulosa o algodón pólvora hoy en día se sigue usando en múltiples campos y nosotros mismos lo utilizamos en variedad objetos comunes sin ser conscientes de ello. Revisemos otro evento semejante, donde un gran descubrimiento parece casual y su motivante insulso: Thomas Alva Edison realizó un hallazgo llamado el "efecto Edison". Aunque patentó tal efecto, no pudo pensar en ningún uso para él, y por lo tanto prosiguió con otros estudios. No obstante, el efecto Edison resultó ser la base de toda la industria electrónica: radio, televisión, etc. (Asimov, 1981).

            Benjamín Franklin era muy curioso, fue un prolífico inventor, político, científico y aficionado al ajedrez, tuvo una teoría que publicó en la cual defendía que los rayos que a veces se observaban caer del cielo eran un fenómeno eléctrico. Para comprobar su teoría realizó un experimento, volando una cometa con un agregado metálico en medio de una tormenta, el experimento fue todo un éxito. Inventó el pararrayos en 1753, que hoy ayuda a disminuir daños severos en industrias, hogares y demás establecimientos, aminorando a su vez el riesgo de la generación de incendios. Gracias a Franklin los estudios sobre la energía empezaron a avanzar a pasos de gigante, llegando después a una batería eléctrica en 1800 realizada por Volta, pasando unas pocas décadas después a generar energía por medio del movimiento, en 1879 Thomas Edison creó una bombilla, y así todo sigue avanzando en este campo hasta hoy. Se pueden imaginar la vida en este momento si ninguno de estas invenciones se hubiera logrado, sin energía eléctrica; un hospital donde no funcionen sus equipos, una ciudad oscura... sólo tomando estas dos, de muchas otras situaciones que se podrían derivar, el número de vidas perdidas sería inmenso.

Lo que tienen en común todas estas historias es que han sido descubrimientos, cada uno en su campo, que se han dado por sagacidad, curiosidad e interés en un tema específico, respecto a esto  Isaac Asimov (1977) escribe:

F. A. Kekulé dio con la estructura del benceno mientras descabezaba un sueño en el autobús. Otto Loewi despertó en medio de la noche con la solución del problema de la conducción sináptica. Donald Glaser concibió la idea de la cámara de burbujas mientras miraba ociosamente su vaso de cerveza.

¿Quiere decir esto que a fin de cuentas todo es cuestión de suerte y no de cabeza? No, no y mil veces no. Esta clase de «suerte» sólo se da en los mejores cerebros; sólo en aquellos cuya «intuición» es la recompensa de una larga experiencia, una comprensión profunda y un pensamiento disciplinado. (p. 4)

Toda área ha tenido grandes autores y descubrimientos que repercuten en la historia, desde la biología que ayuda a cuidar la vida tanto humana como animal y vegetal; la química que nos ha dejado manipular muchas sustancias antes desconocidas; la física, de la qué sobra decir todo el uso que se ha hecho de la materia o la energía; la política que piensa la mejor manera, para todos, de regular el comportamiento; la filosofía, cuyas ideas han fragmentado la historia en épocas con diferentes modos de pensar y de vivir; hasta ciencias formales que no estudian la realidad física, como por ejemplo las matemáticas cuyos aportes al contexto humano han sido tan amplios que este escrito se alargaría demasiado, (si desean conocer algunas, recomiendo leer el libro "17 ecuaciones que cambiaron el mundo" del matemático Ian Stewart.).

Imaginemos que Schönbein se hubiera preguntado cómo ayudaría a las personas el experimentar con ácido nítrico y sulfúrico o Edison no hubiera estudiado su efecto ya que creía que no había uso para él. Qué tiene que ver con ayudar a la humanidad el moho que vio Fleming en una naranja o que unos perros saliven cuando suena una campana. Tal vez estos genios egoístas no se proponían ayudar a nadie cuando cambiaron la vida de millones de personas.

Contemos una última historia, que es conocida por muchos. Un joven, cierta noche, caminaba bajo una hermosa luna cuando vio caer una manzana al suelo, no cayó en su cabeza como muchos creen, pero cayó y él se preguntó, no cómo ayudaría su caída a las personas, sino por qué caía, qué relación podría haber entre la luna y la manzana, de este hecho tenemos la ley de la gravitación universal, que nos rige a todos. Ortega y Gasset (1939) escribe que:

Cuando preguntaban a Newton cómo había  podido descubrir su sistema mecánico del universo, respondió: Nocte dieque incubando  "pensando en ello día y noche". Es una declaración de obseso. En verdad, nada nos define  tanto como cuál sea nuestro régimen atencional. En cada hombre se modula de manera  diversa. (p. 16)

Cada uno de nosotros tenemos temas que nos desvelan, pero a cada uno nos desvela algo diferente, algo que debe hacer referencia a nuestros gustos, nuestras capacidades, en lo que podemos destacar, las herramientas que poseemos para aportar al desarrollo humano. No estudiemos algo por la razón equivocada de querer ayudar a los demás, seamos buenos en lo que hacemos. Si los niños no son lo tuyo, no estudies pedagogía infantil. Si te quedas dormido leyendo, no estudies literatura. Si no te gustan los números, pero las ingenierías son las que dan más dinero en la sociedad, serás uno de los pocos ingenieros desempleados, porque serás un mal ingeniero. Si no sé qué estudia la psicología, en qué temas se adentra y me apasiona una idea errónea que me han vendido de "saber dar consejos" y "ayudar a la gente", no solo serás un mal psicólogo, sino un peligro para la salud mental, tal como lo resume un aforismo de Roberto Fontanarrosa que dice que "No basta la buena  voluntad si intentas apagar el fuego con gasolina."

 Si estuvieras en un estado de salud grave, necesitaras un doctor que diera con tu diagnóstico, a quién preferirías, al misántropo doctor House, que no es nada amable con nadie ni mucho menos tiene intensión de ayudar pues lo único que le interesa es un buen diagnóstico -y da con los más acertados- o a la amable doctora Goodwill que quiere ayudarte pero tiene el estetoscopio puesto en las narices. Es importante aclarar que el buen profesional puede querer ayudar a las personas, no lo estoy negando, pero este no debe ser el motor que lo mueve a desempeñarse en algún área, sino sus capacidades e intereses. Por esto mismo, antes de que en una clase te pregunten por qué quieres estudiar X o Y carrera, pregúntatelo tú mismo, analiza la carrera y analízate a ti mismo, sólo así serás un buen profesional y por lo tanto serás una ayuda para la humanidad.  

CALEB DAVID S. MEDINA

Psicólogo Corporación Universitaria Minuto de Dios

Bogotá, Colombia

Celular: 3132768306

Correo: calebsal777@gmail.com



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